Ivonne Lujano Vilchis
Mitzi Danae Morales Montes 

Once años han pasado desde que un estudiante de licenciatura plagió mi tesis. Le compartí mi trabajo al que era mi asesorado para que tuviera una referencia de cómo estructurar su propia investigación. Semanas después presentó una parte de mi tesis de maestría como de su autoría. 

Cuando me enteré, mi primera reacción fue denunciar el hecho, pues lo que el estudiante hizo me parecía indignante, una falta de reconocimiento a mi trabajo, y un ejercicio deshonesto reprobable. Pregunté a colegas y autoridades cuál era el camino para denunciar dicho plagio. Recibí poquísima información sobre cómo y a quién presentar el caso. En cambio, escuché opiniones como «pasa todo el tiempo», «fue sólo para un trabajo escolar», «vas a desgastarte mucho en eso». Incluso, hubo comentarios como «¿para qué le diste el archivo?», «¿a quién se le ocurre compartir su tesis?».

Entendí de inmediato que estaba sola frente al problema: la legislación universitaria señalaba faltas en las que podría incluirse el plagio, pero no lo mencionaba de forma clara. Por otro lado, se carecía de una ruta específica para denunciarlo. Si presentaba mi caso, invertiría mucho tiempo en los trámites. Aunque nadie me lo dijo, tuve la sensación de que para más de una persona era incluso molesto que revelara el asunto. Presenté las pruebas ante las instancias correspondientes. Estas lo evaluaron, hablaron con el estudiante implicado, deliberaron, recibió la sanción menor. Nunca me llamaron a declarar.

Las clases siguieron su curso. La legislación universitaria sigue sin mencionar el plagio, el profesorado sigue sin poder enseñar cómo escribir, la institución no ha invertido en recursos tecnológicos para prevenir y detectar el plagio. En otras palabras, los procedimientos establecidos en la normatividad universitaria no resolvieron nada; seguir el camino del castigo a la falta de honestidad académica resultó inútil. 


Esta anécdota le ocurrió a una de las autoras de este post pero, desafortunadamente, es muy probable que muchas de las lectoras y lectores que se dedican a la docencia se hayan enfrentado repetidamente a situaciones similares. De hecho, en los espacios universitarios es incierto el número de casos de plagio que quedan en el ámbito privado por cada uno que se hace público —ya sea porque se denuncia o se sanciona—. Aunque existen herramientas digitales que cada vez son más eficientes en la verificación de similitud de textos —como por ejemplo las que brindan las empresas de software privativo— es posible preguntarse: ¿cómo se explica entonces que ni las universidades más prestigiosas han podido erradicar este problema? Por otro lado, si las universidades cuentan con normatividad para prevenir y sancionar este problema de deshonestidad académica y aún así persiste, ¿acaso hemos construido entornos institucionales tolerantes al plagio?, ¿sería suficiente reforzar las acciones punitivas en las instituciones educativas? 

Como profesoras universitarias y educadoras de formación, planteamos que quizá es momento de enseñar a las y los estudiantes que el plagio es una práctica deshonesta no porque atenta contra la propiedad intelectual individual de un autor o autora, sino que el plagio es una práctica a evitar porque atenta contra la producción de un bien colectivo, que es el conocimiento. Nuestro planteamiento es que es posible alejarse de la estrategia del castigo que implican las políticas universitarias punitivistas contra el plagio y transitar hacia una enseñanza que fomente el respeto a la creatividad y la imaginación colectivas.

Edición colectiva de Wikipedia en Uniminuto Bogotá, 2019.
Foto: Baiji, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons.

Legislación universitaria: entre la evasión y la sanción

El plagio estudiantil en entornos universitarios es un problema camaleónico que se manifiesta de distintas formas según el propósito del manuscrito presentado, el perfil del o la estudiante, el área del conocimiento o el tipo de institución educativa. Por lo tanto, la manera de abordarlo y la importancia de tratar el problema será diferente también, por ejemplo, para una universidad que busca generar conocimiento que para una institución centrada en la docencia.

A propósito de los marcos normativos de algunas universidades públicas mexicanas que llevan a cabo tanto investigación como docencia, en un estudio reciente publicado en la revista Archivos Analíticos de Políticas Educativas identificamos que el plagio es un tema ausente en la gran mayoría de las leyes orgánicas, códigos de ética y reglamentos que rigen sus actividades de investigación, docencia y difusión de la cultura. Aquellas universidades que lo mencionan hacen referencia al asunto para señalar las sanciones correspondientes más que referirse a la prevención del problema. 

En el plano axiológico que subyace a la normatividad universitaria, de las 33 universidades que analizamos, 25 señalan el respeto y 22 la honestidad como valores centrales para dirigir sus actividades de docencia, investigación y difusión de la cultura. Un elemento común es que además de esos dos valores, las universidades reconocen que la integridad y la responsabilidad son los referentes axiológicos que se espera que guíen las acciones cotidianas del estudiantado y el profesorado. Sin embargo, también es un rasgo común que dichos valores quedan desarticulados de reglamentos más específicos, como los que se refieren a la evaluación del aprendizaje o el proceso de obtención de grado.

UniversidadCódigo de éticaReglamento de titulaciónReglamento de posgrado
Universidad Autónoma de ChihuahuaNoNoSi
Universidad Autónoma de ChiapasSiNoNo
Universidad Nacional Autónoma de MéxicoNoSiNo
Universidad Autónoma de GuerreroNoNoSi
Universidad Autónoma del Estado de HidalgoSiNoSi
Universidad Michoacana de San Nicolás de HidalgoNoSiNo
Universidad Autónoma del Estado de MorelosNoSiNo
Benemérita Universidad Autónoma de PueblaSiSiSi
Universidad Juárez Autónoma de TabascoSiNoNo
Universidad VeracruzanaSiSiNo
Tabla 1. Universidades que Mencionan el Plagio en su Normatividad.
Fuente: elaboración propia. Extraída del artículo Morales Montes, M. D., & Vilchis, I. L. (2021). Entre la Integridad Académica y el Plagio Estudiantil ¿Qué Dicen las Universidades Públicas Mexicanas en su Normatividad?. Education Policy Analysis Archives, 29(August – December), 166. https://doi.org/10.14507/epaa.29.5635 

En la mayoría de estos reglamentos se omite cualquier mención al plagio u otras prácticas de deshonestidad en la escritura de textos académicos. Esta desconexión normativa ejemplifica que, si bien puede existir una voluntad institucional para conducirse con integridad académica, es necesario construir los apoyos pertinentes para alcanzar dicha meta.

De los derechos reservados al conocimiento abierto

La estrategia punitiva contra el plagio proviene del origen mismo de los derechos de autor y la protección a la cultura en tanto propiedad privada. Rick Flakvinge (2014), fundador de uno de los Partidos Pirata Internacionales, cuenta que en el siglo XV con la invención de la imprenta de Gutemberg, la iglesia católica vio amenazada su capacidad de control en el flujo de información que circulaba en Europa, por lo que promovió entre reyes y reinas la prohibición de esa tecnología. Ante la imposibilidad de lograrlo, lo que ocurrió fue una alianza entre las autoridades reales y eclesiásticas con impresores ingleses para monopolizar la producción y reproducción de materiales impresos, con lo cual se instauraron una serie de normativas para proteger la propiedad de esos materiales, impedir su reproducción, y castigar a quien las infringiera. 

En nuestro siglo, caracterizado por el uso masivo de tecnologías digitales, cada vez es más difícil mantener bienes culturales como los libros dentro de marcos de la propiedad privada, a pesar de la existencia de monopolios como el caso de las editoriales académicas. Es más, en los ambientes digitales se tejen espacios de resistencia que pujan por una cultura donde el conocimiento sea construido y distribuido de manera abierta. La cultura hacker es uno de esos ámbitos y quizá las universidades tienen mucho que aprender de las comunidades de hackactivistas que se conforman alrededor de las premisas de soberanía tecnológica y el uso de la creatividad y el genio para el bien común. ¿Cómo abordar el plagio dentro de este otro marco axiológico?, en tanto docentes o autoridades universitarias ¿es posible, por ejemplo, adoptar una ética hacker para la enseñanza de la escritura académica que valore la autoría de forma respetuosa y honesta?

La Wikipedia como herramienta pedagógica para la escritura académica puede ser una respuesta, a pesar de que su uso como fuente de información sigue siendo polémico entre quienes nos dedicamos a la enseñanza universitaria. De hecho, quizá entre las personas que están leyendo esta entrada haya docentes que han prohibido o desincentivado a sus estudiantes sobre el uso de Wikipedia argumentando que no es un recurso confiable o que, al ser una página que «cualquiera puede modificar en cualquier momento», es mejor no utilizarla en trabajos académicos. 

Dicha opinión se basa usualmente en el desconocimiento de cómo funciona esta iniciativa, pues una de las principales políticas para editar la Wikipedia es la verificabilidad. Esta condición implica que quien pretende modificar un artículo debe proveer referencias suficientes para garantizar la confiabilidad de los contenidos. Gracias al mecanismo de verificabilidad y a la amplia participación de la comunidad de usuarios y usuarias que la editan, la reputación de la Wikipedia está cambiando y hoy en día se utiliza no sólo como recurso de información (confiable, pero inacabada, como todas las enciclopedias) sino como una práctica pedagógica para la escritura. 

El ejemplo concreto es la edición guiada de la Wikipedia en entornos educativos como las aulas universitarias. De acuerdo con McDowell y Vetter (2022), el proceso de enseñanza sobre cómo hacer una contribución a la Wikipedia incluye lo siguiente:

  1. Identificación de vacíos en los artículos en Wikipedia y qué tipo de recursos pueden contribuir a mejorar los contenidos.  
  2. Selección de un artículo a mejorar, lo cual requiere la capacidad de contrastar la información de Wikipedia con fuentes secundarias como artículos académicos revisados por pares.
  3. Búsqueda, identificación y evaluación de recursos confiables que sean adecuados para mejorar el contenido de Wikipedia.
  4. Resumen y mezcla de diversas fuentes de información para incorporarlas a la Wikipedia siguiendo sus lineamientos de estilo neutral y enciclopédico.
  5. Redacción de un artículo o una porción de éste, lo cual requiere incorporar enlaces a otros artículos («Wikilinks»).
  6. Edición y respuesta a los comentarios de otros(as) usuarios(as) de Wikipedia, lo cual es una forma de revisión por pares.

¿No suena esto como un método pedagógico efectivo para evitar conductas deshonestas como el plagio? A muchas personas dedicadas a la docencia universitaria nos parece que sí, que Wikipedia se puede ver como una aliada en la enseñanza, en lugar del enemigo a vencer. 

Incluso es preciso reconocer su potencial para capacitar al estudiantado como productores críticos de conocimiento, especialmente si son parte de grupos minoritarios o vulnerables. Un ejemplo de ello son las editatonas, que son reuniones donde grupos de mujeres editan la Wikipedia simultáneamente alrededor de algún tema en particular. Las editatonas, iniciadas por la activista Carmen Alcázar y el equipo de Wikimedia México, han permitido crear espacios seguros para visibilizar las contribuciones de las mujeres al conocimiento ya sea en los deportes, las artes o las ciencias. Un ejercicio de este tipo potencia el desarrollo de la escritura de manera colaborativa, además de ser satisfactorio para las participantes contribuir a la enciclopedia en línea que beneficia a miles de millones de personas lectoras. Esta clase de acciones son un componente clave en la construcción de una ciudadanía socialmente comprometida. Así que, como dice el meme de autoría desconocida:

A modo de conclusión: la necesidad de normativa y de pedagogía 

Reconocemos que es necesario enunciar en la normatividad institucional el plagio como un acto de deshonestidad académica. Al hacerlo explícito en la legislación, se reconoce como un problema público universitario y deja de ser un asunto privado que corresponde a cada docente prevenir, detectar y sancionar de manera individual. Por esta razón, es esencial definir de manera clara lo que cada universidad entenderá por plagio, sus tipos, las instancias encargadas de sancionarlo y las consecuencias para quien lo cometa. Asimismo, consideramos fundamental enunciar este problema en los referentes axiológicos y éticos de las instituciones educativas. 

De forma paralela, proponemos fomentar una pedagogía que reconozca al plagio como un signo de la necesidad de construir conocimiento crítica y colectivamente mediante métodos activos de enseñanza. Por ejemplo, en el ámbito pedagógico es fundamental invertir en una estrategia integral de enseñanza de la escritura, la cual implica contar con personal especializado, capacitar al profesorado, elaborar materiales y recursos didácticos. Los centros de escritura académica en las universidades son ejemplos de iniciativas de política educativa encaminadas hacia ese objetivo. Algunos ejemplos de estos centros en México incluyen a universidades públicas como el Centro de Escritura y Argumentación (CEA) de la Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa, y universidades privadas como el Centro para el Aprendizaje de la Escritura Académica y el Pensamiento Crítico de la Universidad de las Américas Puebla

En ese sentido, apelamos al exhorto de los colectivos de bibliotecarios y bibliotecarias en todo el mundo que desde hace ya algunas décadas han hecho un llamado a la Alfabetización Informacional, Mediática y Digital, que consiste en la formación para el desarrollo de habilidades de búsqueda, evaluación y uso de información para tareas académicas y no académicas, y cuyo objetivo final es proveer a las personas con las herramientas suficientes para ser independientes en el uso de la información en forma crítica a lo largo de la vida.

Sería deseable que la Alfabetización Mediática e Informacional conlleve una toma de conciencia, en el sentido que propuso Paulo Freire. Es decir, «que [sea] en sí un acto de creación capaz de desencadenar otros actos creadores, una alfabetización en la que el hombre, no siendo su objeto, desarrolle la impaciencia, la vivacidad, característica de los estados de estudio, la invención, la reivindicación» (Freire, 1982, p.116). Para ello, proponemos pensar que abordar el plagio desde la ética del conocimiento abierto puede ser clave para acercarnos a ese ideal freireano de creatividad y emancipación. Este ideal, como dice la hackactivista e investigadora Irene Soria, nos puede conducir al aprendizaje lúdico y exploración apasionada en la generación del conocimiento.

Editatona en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 2019.
Foto: Wotancito, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons.

Para seguir aprendiendo

Ivonne Lujano Vilchis (TW: @ivonnelujano | FB: ivonne.lujano). Doctorante en Política Educativa y Evaluación en la Universidad Estatal de Arizona. Editora en jefe de la revista Current Issues in Education y embajadora del Directorio de Revistas de Acceso Abierto (DOAJ) en América Latina. Investiga sistemas de educación superior, evaluación de la investigación, acceso abierto y ciencia abierta. 

Mitzi Danae Morales Montes (IG: @mitzimoralesmontes | FB: mitzi.morales.568294). Profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana. Integrante del Seminario de Políticas y Organizaciones de Educación Media Superior y Superior del CINVESTAV. Intereses de investigación: políticas de educación superior, educación superior privada, egresados universitarios y empleo y socialización profesional.

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