Del dato digital a las humanidades digitales

Ana Ruth Sánchez Barrera

La guerra generacional

Hace unas semanas presencié con horror la institucionalización de mi vejez. La generación Z se posicionaba tajantemente contra las y los millennial —es decir, contra mí— al postular la superioridad de los mom jeans contra los skinny jeans. Empezó, se dice, en TikTok. Yo me enteré en Twitter gracias a esta muestra interesante, pero dolorosa, de conversación entre generaciones.

La evidencia

Más allá de mis sensibilidades y las de mis contemporáneos y contemporáneas, esa conversación es evidencia de las identidades de grupos sociales, por ejemplo; del concepto de juventud en disputa y, por lo tanto, de lo cambiante de los conceptos; y quizá, también, de un reemplazo generacional: ayer nos burlábamos de los «cñores», ahora nosotres somos los «cñores».

Las ventajas de lo digital

Mi asombro se debe no solo a lo que en mi identidad mueve esa conversación, sino a que la evidencia se quede tan ahí, tan en nuestras narices, tan lista para el análisis. Sucede que «nos hemos vuelto digitales» (Sanz Cabrerizo 2017).

Ya no es ninguna novedad, pero que la vida esté mediada por lo digital implica una revolución en las formas de comunicarnos. Estos cambios llevan consigo una transformación en el fondo. Hablo de forma y fondo en su acepción textual. Con el primer término me refiero a los formatos convencionales que harán posible que una conversación sea comprensible para un contexto comunicativo determinado; con el segundo, me refiero a los temas, al contenido. En ese sentido, que nuestra vida esté mediada por lo digital quiere decir que existe una diferencia cuantitativa y cualitativa de lo que sucedía, o sucediera si no contáramos con las plataformas digitales.

Para seguir profundizando en esta relación entre comunicación digital y textualidad, hablemos de webspeak (Crystal, 2001) —para dar una definición rápida digamos que es la manera en que usamos la lengua mientras interactuamos en internet. Lo que va a posibilitar distinguir a la webspeak de la oral o la escrita será, como en cualquier otra distinción entre variedades dialectales, la distribución de los fenómenos lingüísticos. Pensemos en la forma, hablemos de saludos, ¿iniciamos igual una conversación si sucede en WhatsApp, en el teléfono, en la calle, o en una exposición? Por continuar con el ejemplo que ya llevábamos, a nivel léxico y por lo tanto en cuanto al fondo, ¿los términos que usamos actualmente para delimitar generaciones, los usaríamos de todos modos sin esta mediación digital en nuestras vidas? Ya que ahora son de uso corriente, ¿este uso se limita a las redes sociales?, ¿sucede también en la oralidad?, ¿es más representativo de registros formales o informales?

Estoy olvidando a alguien. Olvidaba a todas aquellas personas que no tendrían el alcance comunicativo en el espacio público si no fuera por las redes sociales. Y es que la textualidad resguardada es «archivo privilegiado de voces distintas y distantes» (Sanz Cabrerizo, 2017). Que conforme crezca, o envejezca una persona, vaya ocupando distintos espacios en la sociedad no es un fenómeno nuevo, ni que el cambio generacional sea tema de conversación. Pero sí lo es que esta conversación suceda en la misma plataforma que lo puede transformar en dato, que lo puede usar para estudio.

Foto de Solen Feyissa en Pexels.

Digamos, pues, que ustedes me dicen que me visto como su mamá (y es que tengo la edad de su mamá, además). Digamos que, sorprendida ante la irreverencia, recojo este ejemplo junto con otros y me pregunto qué sentimientos genera la moda entre las personas autoadscritas a la generación Z y entre las autodenominadas millennial. Lo digital supone diferencias metodológicas, y sabemos que los alcances de las respuestas van a ser diferentes entre metodologías distintas. En este caso, hablamos de que la producción de los datos y las herramientas de recolección serán las mismas, y con ello la velocidad para esta etapa de la investigación será menor, al tiempo que la cantidad de datos recabados será mayor. El análisis, por otro lado, supone un movimiento parecido pues este puede realizarse de manera automática o semiautomática.

Humanidades digitales: llevar los datos a lo digital

Pero no todo lo que es analizable se produce directamente en una plataforma digital, o quizá se produjo cuando las herramientas digitales no existían. Y, claro, también cabe el hecho de que no todo análisis tiene que hacerse desde este tipo de herramientas. Insistamos, simplemente, en el alcance que estas herramientas traen a la investigación, y, en consecuencia, a la comprensión de las sociedades y de las personas. Esto son, a grandes rasgos, las Humanidades Digitales: el aprovechamiento de estas herramientas para dar respuestas sobre la humanidad que de otro modo no serían posibles.

Hablamos ya de la posibilidad de dar respuestas sobre un discurso que sucede públicamente desde las redes sociales, elaborado por personas que sin estas plataformas no podrían manifestarse tan fácilmente en espacios públicos. En otras palabras, estas herramientas, desde la mera producción, pero también en el estudio de estas producciones, favorecen formas de oír; no se trata de mecanismos de dar la voz que ya tienen, sino de mecanismos de escucha.

Estos mecanismos pueden ampliarse a eventos producidos fuera del alcance de lo digital, por medio, valga la redundancia, de su digitalización. Este proceso atañe tanto a eventos actuales como históricos. Pensemos dos ejemplos: la digitalización de producciones textuales producidas por alumnos de primaria y la digitalización de la prensa mexicana en el Siglo XVIII.

El procesamiento de estos textos serían el mismo para uno y otros, a saber, el reconocimiento óptico de caracteres (OCR, por sus siglas en inglés) que se diferencia del producto del escáner en que reconoce, en la imagen, al texto. Paso ineludible porque, de quedarnos con el primer producto, digamos, el PDF, la lectura sería posible solo para el ojo humano.

Pensemos en investigación histórica. El alcance del analista humano, sin compañía de la máquina, se sitúa en lo que Amalia Sanz (2017) denomina histografía de monumentos; por otro lado, al alcance del análisis hecho a través de herramientas digitales corresponde la histografía de documentos. Para explicar la diferencia entre una y otra, Sanz habla del estudio de la escritura hecha por mujeres. En el primero de los enfoques se ha procedido a revisiones biográficas de autoras, de modo que «se subraya la excepcionalidad de la figura considerada única». En el segundo, por otro lado, se «permite buscar cuadros de conjunto más exhaustivos (y transnacionales), encontrar relaciones y dibujar circulaciones, poner en valor grandes cantidades y sus pluralidades». 

El conocimiento para la comunidad

A manera de conclusión, quiero dejar un punto más sobre la mesa: además de generar conocimiento sobre la humanidad, las Humanidades Digitales tienen como propósito producir herramientas para la humanidad. Puede lograrse:

  1. Comenzamos esta reflexión hablando de la producción de un discurso generacional emitido por personas sin la intención de hacer ni la recolección ni el análisis que aquí se propone.

  2. Sin embargo, para que dichos discursos se produjeran fueron necesarias una serie de competencias que introduce a sus emisores en el manejo de las herramientas digitales, o mejor dicho, en el espacio digital, por un lado, pero también en el espacio público, por otro.

  3. Dichos discursos eran emitidos a propósito de un par de identidades, con todo lo que la construcción de una identidad implica.

  4. Lo digital como forma comunicativa, permite la integración de cualquiera (que posea los recursos, y goce de esta libertad política); como herramienta análitica, permite recolección de datos y posteriormente su tratamiento para la producción de conocimiento.

Para seguir aprendiendo

Ana Ruth Sánchez Barrera. Actualmente estudia el doctorado en Lingüística por la Universidad Autónoma de Querétaro; interesada en la construcción y estudios de corpus lingüísticos. Actualmente realiza su investigación doctoral sobre los discursos sobre la migración centroamericana en territorio mexicano producidos en redes sociales.

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