¿Cómo acompañar procesos de violencia digital en adolescentes?

Angie Contreras

Cuando quería terminar la relación con mi pareja, me amenazó con mostrar fotos. Acudí con mis profesores para contarles y no le dieron la importancia que tenía la situación.

Mujer universitaria
Aguascalientes, México.

¿Qué haces cuando escuchas que alguien pasa por violencia digital?, ¿le crees?, ¿qué le dices?, ¿a dónde le canalizas? ¿Sabes qué hacer en caso de escuchar o presenciar violencia?

En noviembre del 2019, en Aguascalientes, México, se reformó el Código Penal y la Ley de Acceso a las Mujeres a una vida libre de violencia para incluir el término violencia digital. Su publicación marcó el inició de mucho trabajo que no consideraba la reforma: informar, sensibilizar, capacitar y acompañar.

En el 2020, desde la organización Cultivando Género AC nos propusimos crear un modelo de acompañamiento basado en la escucha, el respeto, los derechos humanos y el feminismo, que reconociera a las personas adolescentes como sujetas de derecho. En agosto de 2021 —después de realizar grupos focales con personas adolescentes, madres, padres y personal docente— publicamos la Guía de Resistencia Digital entre amigas, en la red no navegas sola, la cual busca explicar cómo acompañar a la amiga, compañera o vecina que pase por violencia digital. A principios de 2022 serán publicadas otras tres guías.

Fue en este proceso de escuchar las experiencias que identificamos que al pasar por violencia digital las adolescentes deciden no contarle a una persona adulta por miedo: «no me van a creer», «me lo busqué».

Al ser menores de edad, para presentar una denuncia las adolescentes requieren el acompañamiento de madre, padre o persona tutora. Si no cuentan con alguno, se les niega la información. Asimismo, en no pocos centros educativos se desconocen los protocolos para la prevención y atención de este tipo de violencia.

Acompañar se ha vuelto una estrategia vital en los procesos de violencia. No se reduce a recordar las citas programadas en el centro de justicia o fiscalía. Como la palabra lo dice, quien te acompaña cree, se preocupa de lo que sientes, te propone una ruta y respeta tu decisión.

La falta de denuncia y acompañamiento en casos de violencias —también la digital— no se debe a la falta de interés, las causas estructurales dificultan la información, seguimiento, procesos y en muchos casos hasta convencer a la persona de por qué sí debe de recibir su denuncia. 

El acompañamiento involucra al Estado, personal docente, madres, padres, centros educativos, instituciones, organizaciones y amistades. Sin embargo, en esta entrada abordaré lo que corresponde a madres, padres y docentes.

¿Por qué hablar de adolescentes?

En los resultados del 2020, el Módulo de Ciberacoso (MOCIBA) —elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) desde el 2015— reportó que, en México, el 21% (16.1 millones) de personas usuarias de internet mayores de 12 años han pasado por ciberacoso en los últimos doce meses. Si segmentamos por sexo, tenemos que en el caso de las mujeres el porcentaje sube a 22.5% (nueve millones).

Fuente: MOCIBA 2020.

En rango de edad, las mujeres entre 12 y 29 años representan el 58.2% que han pasado por ciberacoso.

Hay claramente una diferencia entre el tipo de violencia y el sexo. El 37.1% de los hombres (33.4% de mujeres) han sido contactados mediante identidades falsas y el 36.9% (32.8% mujeres) han recibido mensajes ofensivos. En el caso de las mujeres, las principales violencias son del tipo sexual: 31.3% (15.7% de los hombres) han recibido contenido sexual y 35.9% (15% de los hombres) han recibido insinuaciones o propuestas sexuales.

Fuente: MOCIBA 2020.

Por otro lado, en el 2020 junto a Candy Rodríguez, Daniela Bernal y Mariana Ramos,  iniciamos un proyecto de investigación que buscaba saber cómo están viviendo y percibiendo la violencia digital las adolescentes mexicanas entre los 12 y 17 años de edad. A principios de marzo de este año se publicó el informe bajo el nombre de Violencia digital en mujeres jóvenes mexicanas de 12 a 17 años. Análisis de casos e incorporación de medidas para su atención, prevención y acompañamiento —mejor conocido en redes como Chidas en Línea—.

Entre los datos que obtuvimos destaca que un 30% no pidieron apoyo ante la violencia digital. Para los casos en que sí pidieron ayuda, el 29% acudió a una amiga, el 26% a su familia, el 6% a una autoridad escolar y tan solo el 1% pidió apoyo a la policía cibernética.

El 68% de las adolescentes tuvo consecuencias emocionales debido a la violencia; el 14% cerró sus redes sociales, el 5% dejó de ir a clases, el 6% no vivió ninguna consecuencia y el 4% tuvo consecuencias no especificadas.

A las adolescentes les atraviesa el ser mujeres, pero la edad cobra gran importancia si debido a ella las personas adultas desestimamos, minimizamos y creemos que toda denuncia que provenga de una persona adolescente es una exageración o debido a que quiere llamar la atención.

Personas adultas: desconocimiento, minimización y castigo

En los proyectos Acompañamiento y atención integral a la violencia digital —apoyado por INDELA— y Aplicación digital didáctica y lúdica para niñas y niños de entre 10 y 12 años para el desarrollo de habilidades tecnológicas que favorezcan el ejercicio de sus derechos digitales y la prevención de violencia digital —apoyado por Fondo Semillas— hemos realizado grupos focales para conocer la percepción de las personas adultas sobre la violencia digital. Si bien no ignoran su existencia, sí creen que las consecuencias que tiene la violencia digital no son graves ni ameritan atención, y consideran que las conductas fueron buscadas por una mala práctica.

Hemos identificado al menos tres motivos por los que se minimiza este tipo de violencia:

  • Desconocimiento. Falta de alfabetización digital que va desde el desconocimiento técnico hasta el de las aplicaciones, filtros, tendencias, modas y conceptos de las plataformas digitales.
  • «No es real». Consideran que la violencia digital no sale del espacio digital, por lo que no es tan importante y sus consecuencias no tienen gran efecto.
  • «Se lo buscó». Un ejemplo para explicar este factor es la diferencia entre 1) «quemar» (exhibir, señalar juiciosamente) a una chica con su pack (conjunto de fotografías y/o videos de índole erótica) y 2) ella decide subir una foto en traje de baño. Para muchas personas adultas es la misma acción, que se resume en publicar una foto en traje de baño o ropa pequeñita. Cuando se trabaja con grupos de docentes o madres y padres una frase recurrente es «para qué se toma esas fotos». Por lo tanto, consideran, la culpa es de ella y la solución es no tomarse fotos.

Estos tres factores no son concluyentes ni definitivos, pero sí un acercamiento que busca juntar algunas de las motivaciones que hemos encontrado.

Otra imagen: cuando he realizado intervenciones en centros educativos, el último grupo con el que trabajo es el de madres-padres-personas tutoras. Primero, les pregunto si las personas menores a su cuidado tienen acceso a redes sociales. De un grupo de veinte madres-padres solo un par, a lo mucho tres, levantan la mano. Cuando les digo que esa misma pregunta la hice a las y los menores y cuántos —muchos, muchas más— levantaron la mano en cada una de las redes sociales, lo primero que dicen las personas adultas es «mi hija/o no».

Luego les pregunto la forma en la que sancionan las conductas negativas en redes: castigando el teléfono. Por otro lado, cuando pregunto lo equivalente a niñas, niños y personas adolescentes me dicen que no le cuentan incidentes digitales a alguna persona adulta porque no les va a creer y sí va a castigarles sin saber los motivos.

Una de las constantes es que las y los menores no se sienten escuchados.
Foto de Ron Lach en Pexels.

Escuchar y acompañar a las niñas, niños y adolescentes

Cuando una persona adolescente cuenta la situación de violencia por la que pasa y no le creemos o la minimizamos, estamos revictimizando —o, como me gusta decir: le ponemos más sal a la herida—. Deslegitimamos su sentir, su saber y sus problemas. Esta práctica también es violencia y se puede dar desde la omisión pero también cuando se culpa o juzga.

El no contarle a nadie una violencia recibida, pasarla en silencio, sin red de apoyo y sin herramientas, además de las consecuencias emocionales y psicológicas, puede favorecer que dicha violencia escale —si no lo era en un inicio— a física o sexual.

Necesitamos sumarnos: mamás, papás, docentes y toda persona adulta que esté cercana a niñas, niños y adolescentes. Evitemos imponer la mirada adulta frente a todo problema sin preguntar su opinión a las y los menores, sin saber cómo se sienten o cómo se sentirían si se hace tal o cual acción.

Motivemos la agencia que ya tienen. Hemos de hacer una pausa y escucharles, no interrumpir cuando nos estén contando. Al comentarles, no juzgar o corregirles, al contrario, motivemos la reflexión: «¿hacer eso te hará sentir bien?», «¿si hacemos eso crees que será lo mejor?», «¿por qué prefieres hacer esto o aquello?». Y propongamos siempre con la motivación de sumar.

Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho al acceso a internet y a la tecnología. Nuestra responsabilidad es acompañarles y brindarles el acceso adecuado dependiendo de su desarrollo.

A raíz de un conversatorio que realizamos sobre la participación de las madres, padres y adolescentes, les comparto algunas ideas de cómo involucrarnos y acompañar:

  • Poner atención al contenido que nuestras hijas e hijos consumen en las plataformas digitales.
  • Conversar sobre los riesgos reales que existen en lo virtual, pues es una extensión de lo que sucede a diario en la vida, donde hay personas con malas intenciones.
  • Al detectar que tienen redes sociales que no conocíamos, no juzgar o acusar sino poner atención en cuáles son las vías de comunicación que tienen con otras personas.
  • Abrir canales de comunicación mediante los que puedan confiarnos cuando una persona les acosa o ejerce algún otro tipo de violencia digital.
  • No ejercer medidas como aislamiento o incomunicación y mucho menos juzgar o acusar, pues las niñas, niños y adolescentes no son culpables cuando son víctimas de algún tipo de violencia.
Foto de Liza Summer en Pexels.

Primeros auxilios digitales

Los primeros momentos en los que una víctima cuenta lo que está pasando y viviendo son vitales. A esto le llamamos primer contacto. Con un mal primer contacto la víctima puede decidir mejor no hacer nada y callar. 

Para evitar esto, comparto los primeros auxilios digitales: esos primeros pasos que debemos aplicar cuando nos buscan para contarnos la violencia por la que están pasando. Recuerda que cada caso es diferente y requerirá acomodar la lista de acuerdo a las necesidades de la persona que acompañas. No podemos obligarla a tomar una u otra opción, pero sí abrazar su decisión, respetarla y acompañarla.  

  1. Inhala y exhala.
  2. Es importante que tanto tú como la persona a la que acompañas mantengan la calma. Como acompañante, debes estar en condiciones de poder apoyar. Si ese día no te sientes bien, si tienes hambre, tarea o poco tiempo, no pasa nada, dile que en ese momento no puedes y recomiéndale a una persona que sí pueda ayudarla.
  3. Escucha activa. Deja que cuente lo que ha sucedido, no interrumpas o hagas sentir a la persona que es su culpa.
  4. Agradece la confianza que depositó en ti.
  5. Si lo consideras necesario, realiza preguntas clave que te ayuden a comprender totalmente lo que le ha pasado.
  6. Hazle saber que la situación por la que pasa es violencia. La explicación debe ser clara y sobre todo tiene que saber que no es su culpa.
  7. Sugiere alternativas. Pero, ojo: recuerda que no puedes ni debes obligarla a acudir a uno u otro servicio. Ella debe decidir qué es lo mejor.
    • Apoyo social. Hablarlo con su red de apoyo, con mamá, papá o una persona de confianza, acompañarse de terapia psicológica, buscar ser escuchada.
    • Denuncia
      • Desde la plataforma. Recomiendo visitar https://acoso.online/mx/
      • Legal. Revisa la legislación local y busca apoyo con una organización feminista que brinde asesoría legal.
      • Centro escolar. Los centros educativos cuentan con protocolos para el acoso y hostigamiento sexual.
      • Centro laboral. Revisa si en tu trabajo cuentan con un protocolo u oficina encargada de la atención y acompañamiento en caso de violencia, también puedes acudir a instancias públicas para mayor asesoramiento. 

Estos consejos son parte de la Guía de Resistencia Digital entre amigas, no navegas sola.

Todas, todos y todes, sin importar nuestra edad, tenemos derecho a una internet sin violencia. Para lograrlo también tenemos que acompañar.

Recuerda: #NoNavegasSola.

Para seguir aprendiendo

Angélica Contreras (@AngieConter). Feminista. Integrante de Cultivando Género, donde trabaja en temas de acoso y violencia digital en la niñez y adolescencia. Miembro del Consejo Asesor de Seguridad de TikTok para Latinoamérica y vocera del movimiento Mujeres Vivas Mujeres Libres. Columnista para diferentes medios y productora y locutora del podcast Pinta Violeta.

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