¿Qué nos ha enseñado la cuarentena sobre la educación a distancia?

Rodrigo González Reyes

Cuando se escribe esta entrada nos encontramos, en México, a seis semanas de la contingencia desatada por la pandemia de COVID-19. Aunque aún es muy temprano para saber qué sucederá con muchas cosas, ya es tiempo suficiente para reconocer que el hecho crítico nos ha venido a romper la certeza de muchas situaciones que en los ámbitos educativos dábamos por supuestas. Entre ellas, y las más importantes: que los sistemas educativos regulares están actualizados en el panorama de la educación tecnológicamente mediada, que nuestro estudiantado joven o de las generaciones más nuevas es nativo digitale y que el usar tecnologías con fines recreativos o culturales significa que quien las usa sabe y puede usarlas con fines educativos.

En una entrada previa de este blog, José Manuel Corona abordó desafíos y oportunidades generales para la educación en tiempos de COVID-19. En esta ocasión, se abordan algunas preguntas y aprendizajes específicos sobre la educación a distancia en un contexto de pandemia.

Foto de Annie Spratt.

¿Educación en línea, virtual, a distancia?

En medio del repentino corte que sufrieron los programas presenciales en todos los niveles educativos a lo largo del mundo, la instrucción fue apañárselas como fuera y como se pudiera, salvar el semestre a través de subirse a la idea de educación en línea. Ahí fue donde gran parte de lo imaginado comenzó a colapsar, no porque los esfuerzos no hayan o no estén rindiendo grandes frutos (muchas iniciativas son francamente heroicas) sino, particularmente, porque nos dimos cuenta que hacer educación en línea no es solo pasar los contenidos de clase a videollamadas y que atender procesos educativos a distancia, tanto en la producción como en la emisión, implica competencias y habilidades más amplias y diferenciadas que aquellas útiles para revisar en Facebook, pelear en Twitter o postear en Instagram.

Con este corto tiempo, quienes nos enfrentamos a este reto (independientemente del grado o nivel de los cursos o del tipo de contenidos que impartamos), nos hemos encontrado con que las situaciones y las tecnologías que se usan cuentan tanto como los contenidos, o a veces aún más. Un curso en línea, supimos hasta entonces, implica conocer la disposiciones tecnocognitivas de nuestro estudiantado (sus saberes, sus competencias), sus expectativas sobre lo que podemos lograr desde fuera del aula y tomar en cuenta los contextos en los que se pretende enseñar. En la virtualidad, cuando las cosas no se pueden adaptar in situ, el aquí es más importante que el ahora; en ello cada mínima situación y escenario cuenta para que la situación avance o definitivamente se estanque.

Por su parte ha sido un evento crítico —más allá de la ruptura con la comodidad de lo cotidiano y lo dado por sentado—, pues hemos encontrado que las formas de nombrar lo que estamos haciendo no encuentran un consenso: ¿qué quiere decir pasar a en línea?, ¿qué significa que me pidan dar educación a distancia?, ¿es lo mismo que a eso a lo que llamo educar virtualmente?

Tal como lo hemos visto y vivido: no, no es igual ni es lo mismo. No puede serlo. Vimos, atónitos, que la idea de distancia es muy relativa cuando se tienen la posibilidades de ser sincrónico, de estar conectados al mismo tiempo y en el mismo momento; vimos, con pasmo, que la idea de virtualidad explota cuando la oferta creciente de plataformas e interfaces nos ofrecen desmaterializar nuestra presencia para convertirla en formatos, interacciones y productos informativos y educacionales tan variables como la imaginación misma.

El símil del periodismo

De alguna manera nos está pasando hoy, en la educación y en los ámbitos educativos, lo que les pasó a las y los periodistas hace poco más de una década: sabían muy bien qué era el periodismo cuando los problemas diarios se desarrollaban en el plano físico, presencial, pero de un momento a otro no supieron con qué animal estaban jugando cuando la información, los contenidos y las formas de hacer se desmaterializaron.

A todo esto —empezaron a reflexionar—, aunque una nota sea una nota y se comunique el mismo hecho, ¿era lo mismo traspasar los contenidos impresos en el papel, tal cual, a un sitio web?, ¿no se perdía algo esencial al solo adaptar un contenido noticioso a una nueva interfaz? Y, si no se vendían ya periódicos, ¿qué es lo que se vendía entonces? 

Todo esto por no hablar de quienes, antes de la digitalización de los procesos periodísticos, nunca habrían generado un contenido de ningún tipo, mucho menos uno informativo o noticioso pero que —ahora con la posibilidad de producir y consumir contenidos a partes iguales y con costos de producción y circulación cercanos a cero— comenzaron a «reportear», a escribir notas, a informar a la ciudadanía. Periodistas ciudadanos, les llamaron.

De la misma manera que el periodismo todo dio un giro de 180 grados con su cuestionamiento sobre la diferencia entre periodismo digital, virtual, web y online, es seguro que la educación, tanto la convencional como la no convencional, la formal como la no formal y la presencial como la no presencial, van en ese mismo rumbo.

El cambio diametral de posición es inevitable y, aunque ahora nos parece una situación crítica (porque en realidad lo es), al mediano y al largo plazo habremos aprendido mucho de lo que implica educar, aprender y gestionar la educación en situaciones fuera del aula, lejos de la presencia física de  la escuela pero, eso sí, cerca de la posibilidad de potenciar todo lo que ya sabemos sobre nuestro pasado tradicional.

Para seguir aprendiendo

¿Educación a distancia? (González Reyes, 2020) | Diapositivas para conferencia.
Aprendizaje abierto y a distancia: perspectivas y consideraciones de política (UNESCO, 1997) | Documento de programa.
Contextos universitarios mediados (García Aretio, s.f.) | Blog académico.
Biblioteca del Sistema de Universidad Virtual (Universidad de Guadalajara)

Rodrigo González Reyes. Investigador de la Cátedra UNESCO AMIDI. Maestro en Comunicación por la Universidad de Guadalajara y Doctor en Comunicación por la Universidad Nacional de La Plata. Editor adjunto de la revista académica Comunicación y Sociedad. Su investigación se enfoca en economía creativa de las actividades editoriales y hemerografía científica.

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